Resulta obvio que, si se quiere conseguir los mejores resultados con un motor, ya sea de un jet, de un automóvil, de un yate o de cualquier otra máquina, tendrá que utilizar el tipo de combustible adecuado según el diseño del motor. Lo mismo pasa con los aceites, lubricantes, agua, filtros, etc. Si damos un combustible que no le corresponde al motor, éste no funciona, se rompe; si le damos uno de mala calidad, poco a poco irá dejando residuos por las tuberías y tapando los filtros y si no los cambiamos; el tiempo de vida de ese motor será menor, colapsará y se estropeará. Es sorprendente lo mucho y bien que cuidamos nuestro coche, y lo poco y mal que cuidamos nuestro cuerpo, que es donde nosotros vivimos.
De la misma forma, debería de ser igual de obvio, en el caso de los seres humanos y de los animales, que el mejor nivel de salud, sólo se puede alcanzar si los alimentos que se consumen son los adecuados, según la adaptación biológica de nuestro organismo.
Si queremos conseguir la salud máxima de la que podemos disfrutar, debemos respetar las leyes de la naturaleza, y esto supone respetar nuestras necesidades dietéticas. Al igual que el ganado y otros animales herbívoros no cambiarán su dieta basada en hierbas por otro alimento, porque su organismo está adaptado a las hierbas. Recordemos el caso de “el mal de las vacas locas” la EEB, Encefalopatía Espongiforme Bovina, enfermedad causada por la presencia de priones incompatibles con la fisiología de las vacas, las alimentaron con pienso enriquecido con harinas de carne y hueso de ovejas, las vacas comen pasto, no carne, si les dan carne se vuelven locas, porque su motor no está preparado para ese combustible.
Lo mismo pasa con todas las especies, cada especie tiene una fisiología distinta, unas enzimas distintas, un PH distinto, un aparato digestivo distinto, un colon distinto, una metabolización y asimilación distinta, una dentadura para ese alimento ideal y así todas las diferencias que hacen que no podamos comernos cualquier cosa, que no podamos comer de todo, que no somos omnívoros, ¡como hemos creído hasta ahora! y aunque este demostrado cientificamente, seguimos empecinados en seguir las malas costumbres alimentarias adquiridas, aún si los resultados de esta creencia nos llevan directo al padecimiento de una enfermedad crónica y a una muerte prematura.
“SI BUSCAS RESULTADOS DISTINTOS, NO HAGAS SIEMPRE LO MISMO” Einstein. Los errores no se rectifican al cometerlos de nuevo. Así que habrá que cambiar hábitos que nos llevan a la enfermedad por otros que nos lleven a la salud.
Olvida las creencias populares y obedece a tu instinto innato. ¿Te imaginas al bebé desgarrando al conejo a bocados? ¡Noooo! ¿verdad?, su instinto hace que quiera comer la fruta y jugar con el conejo; esa es nuestra naturaleza, vuelve a ella y tendrás salud


