Cualquier tipo de ayuno, desde un ayuno intermitente (de algunas horas todos los días) hasta varios días tienen evidentes beneficios físicos. Podemos notar la perdida de grasa corporal, la sensación de ligereza, la perdida de grasa visceral, el abdomén reduciendose hasta su tamaño normal (como tu puño) o la piel más hidratada, etc. Nos es fácil identificar cómo el ayuno está funcionando. Sin embargo, existen otro tipo de efectos muy potentes del ayuno en nuestro cuerpo, concretamente, en el cerebro, que merece la pena tener en cuenta.
Así como nuestra alimentación afecta a nuestras emociones, los períodos de ayuno han demostrado tener características protectoras y terapéuticas para nuestro cerebro. Porque para el cerebro, ayunar es como hacer ejercicio y eso explica que cuando hacemos ayuno notemos una mayor claridad mental y mejor concentración.
El doctor Mark P. Mattson, que se ha dedicado a fondo a investigar el área de mecanismos celulares y moleculares relacionados con los desórdenes neurodegenerativos como el Parkinson y Alzheimer, quiso comprobar los efectos del ayuno en el cerebro y terminó señalando que ayunar representa un desafío para el cerebro, lo cual produce un estrés que el cerebro resuelve adaptando sus respuestas y esto le entrena y le ayuda a lidiar mejor con el riesgo de padecer enfermedades y problemas de salud. Justo lo mismo que sucede con nuestros músculos cuando practicamos ejercicio. Dicho de manera sencilla: el ayuno es un entrenamiento fitness para el cerebro.
Dr. Mark P. Mattson, PhD*1, profesor adjunto retirado de Neurociencias en Johns Hopkins University en Baltimore, dedico toda su vida y su energía a investigar y se encuentra entre los neurocientíficos más citados del mundo. Mattson ha dedicado su carrera a explorar cómo los factores metabólicos influyen en el envejecimiento del cerebro y en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson. Acumula unas 900 publicaciones y 200.000 citas y ha recibido numerosos premios, como el de la Metropolitan Life Foundation y el Zenith Fellows de la Alzheimer’s Association. Además, es miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. El Dr. Mattson nacido en Rochester, Minnesota, Estados Unidos, 1 de abril de 1957 es, además, autor del libro “La revolución del ayuno intermitente” donde pretende guiar en este hábito de forma accesible y explicando sus beneficios tras su experimentación en laboratorio.
El Dr. Mattson afirma que “El ayuno es como el ejercicio, un cambio en el estilo de vida bueno para la salud. Y en la medida que la gente lo sepa, será valioso para ellos.
Estos son algunos de los beneficios del ayuno para el cerebro que señala Mattson:
El ayuno incrementa la autofagia neuronal Dicho así, da hasta miedo, pero lo que significa es, básicamente, que las células se auto reciclan, se deshacen de los deshechos y se reparan a sí mismas. Este proceso es fundamental para el buen funcionamiento de nuestro cerebro y así lo han demostrado varios estudios científicos. Por lo visto, si no se produce la autofagia neuronal, el cerebro se puede ir degenerando progresivamente y también se pueden producir desajustes en el metabolismo.
Nuestros hábitos de vida y de alimentación tienden a provocar estrés oxidativo en nuestro cerebro. La alimentación suele ser una gran responsable de la fatiga mental y por eso al reducir los niveles de insulina o glucosa es lógico que el cerebro se despeje y funcione mucho mejor.
El ayuno se convierte en una fuente de energía A lo largo del día consumimos energía para realizar todas las actividades tanto físicas como mentales. Para ello, el cerebro suele recurrir a la glucosa como combustible. Con el ayuno, se ve obligado a producir energía utilizando las cetonas que fabrica el hígado, por lo que él mismo acaba siendo productor de energía independiente.
El ayuno rejuvenece el cerebro Después de los 20 años, nuestra capacidad para producir la hormona GDF11, responsable de controlar la inflamación y el envejecimiento celular, disminuye. Esta hormona es capaz de restaurar el tejido dañado, no sólo a través de la inducción de células madre que lo regeneran, sino también reparando el daño al DNA que acompaña al envejecimiento según los investigadores de la Universidad de Harvard responsables del hallazgo. En el cerebro envejecido, GDF11 incrementó la producción de células madre neuronales, la vascularización y el flujo sanguíneo A partir de entonces, la única manera de reactivarla y segregarla de manera natural es mediante la interacción social, el deporte y sobretodo la restricción calórica. El ayuno estimula la secreción de hormonas con efecto rejuvenecedor GDF11, así que no es de extrañar que las personas que practican ayuno de manera regular acaben teniendo no solo una piel más joven, sino que también mantengan la agilidad mental de años atrás.
El ayuno mejora los niveles de Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF). El BDNF (Brain-Derived-Neurotrophic-Factor) cuyo GEN se encuentra en el cromosoma 11, que resulta ser la neurotrofina que tiene mayor expresión en el cerebro de los mamiferos, en especial en la corteza cerebral, el hipocampo y prosencéfalo (las partes del cerebro que regulan la memoria, el aprendizaje y la función cognitiva). Se ha visto que estas neurotrofinas ejercen un importante papel en procesos como la neurogenesis, el mantenimiento y saneamiento de la función de las neuronas y su integridad estructural. De hecho, el Dr Mark Tuszynski, de la Universidad de California, demostró que, en modelos animales, el BDNF evitaba la muerte neuronal cuando se produce una lesión cerebral. Aunque sí es cierto que una amplia cantidad de neuronas en el cerebro de los mamíferos se forman durante el estado embrionario, partes del cerebro del individuo, cuando este ya es adulto, tienen la habilidad de generar nuevas neuronas a partir de células madre neurales. Este proceso es el que se conoce por neurogénesis. Los neurotróficos ayudan a estimular y controlar este proceso, siendo el BDNF el más importante.
Estudios en animales sugieren que el ayuno protege a las neuronas al entregar cetonas como combustible en lugar de glucosa. Las cetonas podrían ayudar al cerebro a producir el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) que promueve el crecimiento de nuevas células y sus conexiones. BDNF también protege a las células del estrés permitiendo que vivan más y trabajen mejor. Estudios de laboratorio demuestran que el ayuno retrasa las placas y los ovillos característicos de la enfermedad de Alzheimer, señala el Dr. Mattson.
En la enfermedad de Parkinson, los estudios de laboratorio indican que el ayuno protege a las neuronas que producen dopamina y ayuda a que las mitocondrias funcionen mejor, explica Rodolfo Savica, MD, PhD, FAAN, profesor de Neurología en Mayo Clinic en Rochester, MN. (Las mitocondrias son órganos de las neuronas que generan la energía química necesaria para las reacciones bioquímicas celulares). En el Parkinson, las células que producen dopamina se dañan y destruyen. Cuando las mitocondrias dejan de funcionar bien, se vuelven hiperactivas; el ayuno intermitente podría reducir esa hiperactividad, señala el Dr. Savica.
*PhD: es el grado académico más alto en Medicina, enfocado en la investigación científica, descubrir nuevas soluciones y aportar nuevo conocimiento


