Cuando nos alimentamos desarrollamos una acción voluntaria que debería obedecer a la llamada interior del organismo de hambre real, generado por la necesidad de NUTRIENTES Y ENERGÍA que una vez hecha la ingesta y asimilada la comida en los procesos de la digestión dichos NUTRIENTES Y ENERGÍA se conducirán por los vasos sanguíneos y el oxigeno a todas las células de todos los órganos de nuestro cuerpo. Esa es la única función real que debería tener la comida, sin embargo, en esta sociedad moderna y confundida, cada día se fomenta más el incitar a las personas a ser adictos a la comida, a complacer las papilas gustativas sin informar que, como consecuencia, traen el detrimento de todo el resto del organismo. Cada vez se aplaude más el hecho de comer por gusto y en realidad lo que se esta creando e instalando en el inconsciente colectivo es el comer emocional, nos estamos drogando con la comida, somos adictos que utilizamos la comida; como ya lo hable en la entrada ¿Cuál es tu conexión emocional con la comida?  para escapar de nuestras emociones, taparlas, no sentir, para anestesiarnos, para no pensar, no sufrir y premiarnos con lo único a mano que calma nuestro ego herido, activando las endorfinas rápidamente para poder escapar incoscientemente de la situación que me está afectando y que no quiero afrontar y huyo a la nevera tras un buen postre cargado de mucha azúcar  que me produzca el momentáneo placer que necesito para tapar y seguir como si nada hubiera pasado, tapando, con la droga legalmente aceptada por la sociedad llamada comida*, todos los problemas y emociones que la vida me pone y no soy capaz de enfrentar y resolver. Comida* que en realidad podemos ingerir pero no podemos asimilar porque esta totalmente carente de nutrientes y para nuestro organismo no es más que una carga tóxica con la que tiene que luchar para echar fuera, para mantenernos vivos … enfermos pero vivos, al fin y al cabo esa es la misión de todos los organismos vivos … sobrevivir como sea y el nuestro es ni más ni menos otro superviviente nato.

Llevo mucho tiempo como terapeuta tratando de comprender cómo aún sabiendo cuál es el alimento fisiológico para el ser humano, tan simple de comer y de adoptar, ya que no requiere preparación y es al fin y al cabo más económico; la gente se sigue poniendo excusas y sigue persistiendo en ingerir comida insana, como el azúcar, los lácteos o el trigo, por qué? ¡simple! porque son drogas alimentarias, altamente adictivas, tanto que proporcionan el mismo placer momentáneo que cualquier opiáceo como el mismo opio, la morfina o la heroína; nos inhiben del dolor y actúan con el estrés fisiológico activando los neurotransmisores péptidos endógenos, llamados endorfinas u hormonas del placer. De ese modo ante una situación emocional que no queremos enfrentar optamos por recurrir a tapar esa emoción negativa con estas drogas legales y tremendamente adictivas pero bien aceptadas por la sociedad en forma de comida, como si nada pasara.

Y ahí es donde comienza el problema, El comer emocional es la principal causa de todos los trastornos alimentarios que derivan directamente en enfermedad, que los mismos que nos inculcan comer comida antifisiológica que nos enferma, luego nos venden los medicamentos que nos cronifican la enfermedad dándonos una pésima calidad de vida hasta el desenlace final. De esto también he hablado en Comida industrial tan perniciosa como su publicidad 

El problema, sin embargo, no está en las emociones; todas las emociones son normales, cumplen su función; nos informan de como nos sentimos en cada momento. El problema está en nuestras relaciones con nuestras emociones, a menudo establecidas a partir de paradigmas de pensamiento autodestructivos. ¿Por qué se caracterizan estos paradigmas de pensamiento? Principalmente por la autoexplotación física y mental y por la autonegación de las propias emociones, necesidades, creencias y deseos.

Vivimos en un mundo tan acelerado y competitivo, tan carente de amor y comprensión, tan lleno de egoísmo y tan falto de empatía, que la mayoría de las personas sufren, a consecuencia y sin conocerlo, de terribles trastornos alimentarios, que a la larga desencadenan en enfermedad y muerte prematura. La mayoría son personas tan exigentes consigo mismas, que tienden a su autoexplotación física y mental y a la autoprivación del descanso y de la autocomplacencia. Les cuesta ponerse límites, aceptar que queda fuera del alcance de la naturaleza humana hacerlo todo bien rayando la perfección. Se sienten obligados moralmente a satisfacer las expectativas que tienen, o que imaginan que tienen, los demás hacia ellos, generalmente expectativas ilimitadas; les cuesta decir que no y les atormentan fácilmente los sentimientos de culpa y ansiedad hacia los demás (por no hacer más cosas, hacerlas mejor, etc). Y todo tiene que ver con cubrir una gran falta, la falta de amor, la necesidad de ser aceptados y de ser amados.

La salud emocional es un estado natural de coherencia interior, eso es, que lo que pienso coincide con lo que siento, con lo que digo y con lo que hago. Es un estado de armonía con nuestro ser, con nuestro interior, con nosotros mismos, la paz que nos abre las puertas a la felicidad. Cuando se rompe ese estado natural nos invaden emociones negativas como ansiedad, enervación, culpa, miedo, falta de amor, etc. En la próxima entrada hablaremos de cómo tratarlo, de cómo solucionarlo, ya que es indispensable para VIVIR SANOS.

Uno de los requisitos imprescindibles para superar todo trastorno de alimentación y alcanzar el equilibrio emocional es aprender a dar prioridad al propio bienestar , a los propios deseos y a la propia salud.
Si nos privamos del descanso físico, intelectual y emocional que necesitamos, nos estamos privando de algo IMPRESCINDIBLE para nuestra salud. No podemos sentirnos culpables por cuidar de nuestra salud, por querer estar vivos, y por querer gozar de bienestar y el equilibrio emocional, la alegría, la paz, la satisfacción son componentes IMPRESCINDIBLES de la salud.

 

 

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