Los productos de soja aparecieron de la nada para pasar a ser los “alimentos milagrosos” del siglo 21. De acuerdo con la Asociación Americana de Alimentos de Soja, de 1992 al 2006 la venta de alimentos de soja aumentó de 300 millones a casi 4 billones de dólares, prácticamente de la noche a la mañana. Este aumento de popularidad se debe al cambio tan radical en la percepción de la soja. Y este cambio no fue accidental, fue el resultado de una gran inversión por parte de la industria de la soja en marketing y publicidad que ha tenido mucho éxito. De hecho, la soja es un gran negocio, uno bastante bueno. Del 2000 al 2007 los fabricantes de alimentos en los Estados Unidos introdujeron más de 2.700 alimentos nuevos a base de soja y hoy en día continúan apareciendo nuevos productos de soja en los estantes de los supermercados. Es un trágico caso de publicidad engañosa y de mentiras que son sembradas entre las masas dando como resultado final grandes ganancias para la industria de la soja y dañando la salud de la mayoría de las personas que han sido engañadas para que consuman soja sin fermentar. Existe una gran cantidad de estudios científicos que demuestran que la soja no es para nada el milagro nutricional del siglo 21.

La propaganda que ha generado las increíbles ventas de soja es tanto más notable cuanto que sólo hace unas décadas la soja no se consideraba adecuada para comer -incluso en Asia. Gran parte de las afirmaciones que hace la industria alimentaria desde hace décadas sobre la soja, como la de que se consume de forma habitual y masiva desde hace milenios en Oriente. En la China antigua apreciaban esta planta por su efecto fertilizante del suelo (fija nitrógeno). Durante la dinastía Chou (1134-246 A.C.) se consideraba a la soja uno de los cinco cereales sagrados, junto con la avena, el trigo, el mijo y el arroz, no por ser un alimento como estos, sino por su aporte en la rotación de los cultivos. La soja no se empleó como alimento hasta que se descubrieron las técnicas de fermentación en algún momento de la dinastía Chou. Las primeras comidas de soja fueron productos fermentados como el tempeh, el natto, el miso y la salsa de soja. En una fecha posterior, posiblemente en el siglo II AC, los científicos chinos descubrieron que un puré de soja cocinada se podía precipitar con sulfato cálcico o sulfato de magnesio (sales de Epsom) para hacer una especie de pálida cuajada (tofu) proceso que inactiva antinutrientes, aunque no totalmente. El uso de productos de soja fermentados y precipitados se extendió rápidamente a otras partes de Oriente, principalmente a Japón e Indonesia.

Los chinos no comían productos no fermentados de soja, como hacían con otras legumbres porque la soja contiene grandes cantidades de toxinas naturales o anti nutrientes. En 1930 la soja representaba apenas el 1,5% de las calorías en la dieta china. En 1998 se precisó que los japoneses consumían 8g diarios de proteína de soja (dos cucharaditas), en forma de fermentados y condimentos. Un dato no menor: la soja utilizada antiguamente en Oriente era glicina, diferente a la que se cultiva actualmente (glicina max), que ha sido mejorada para obtener más proteína (y también más isoflavonas). En el gráfico muestra como china produce el 5,7% de la producción mundial, siendo uno de los países con mayor población mundial del mundo, 1.400 millones de chinos en un mundo con 7.000 millones de personas. Si comieran soja producirían muchísima más.

Respecto a las fórmulas de soja para alimentar a bebés que cada vez son más empleadas en Occidente alegando que así se hace en los países orientales, ya en un escrito de 1930 el doctor Ra Guy, del departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de Pekín (China), dice que “nunca se ha usado leche de soja para alimentar a los niños en Pekín. Esa fórmula no se hace en las casas, la leche de soja, aparte de ser dañina para los niños, es difícil de preparar’”.

“LA SOJA NO ESTA RECONOCIDA COMO ALIMENTO SEGURO”

Acechando en un segundo plano en la masiva campaña publicitaria de lanzamiento de la soja al mercado está la molesta cuestión de si es legal añadir concentrado de proteína de soja a los alimentos. Todos los aditivos alimenticios que no eran de uso común antes de 1958, incluyendo la caseína -proteina de la leche, deben tener el status GRAS (Generalmente Reconocidos como Seguros). En 1972, el gobierno de Nixon ordenó una reevaluación de las sustancias que se aprobaron en su día como GRAS según la información científica disponible en su momento. En 1974, la FDA solicitó una revisión de la literatura sobre la proteína de soja porque, como la proteína de soja no había sido usada en la alimentación hasta 1959, e incluso no era de uso corriente en los albores de 1970, no se consideró candidata para tener optar a la certificación GRAS incluida en las leyes que regulaban la comida, los medicamentos y los cosméticos. La literatura científica hasta 1974 reconocía muchos anti-nutrientes en la proteína de soja de fabricación industrial, incluyendo inhibidores de tripsina, ácido fítico y genisteína. Pero la FDA acabó con la discusión sobre dichos efectos adversos diciendo que era importante para “un procesamiento adecuado” eliminarlos. La genisteína se podía eliminar con un lavado en alcohol, pero era un proceso caro que los fabricantes evitaban. Estudios posteriores determinaron que los inhibidores del contenido de tripsina sólo se podían eliminar tras largos periodos de calor y presión, pero la FDA no ha impuesto ningún requerimiento para que la industria lo haga. La FDA estaba más preocupada con las toxinas que se formaban durante el procesado, especialmente nitritos y lisinoalanina. Incluso una ingesta de niveles bajos de dichas sustancias cancerígenas – una media de un tercio de gramo al día- se consideraban una amenaza demasiado grande para la salud pública para permitir la concesión del status GRAS.

Esta reevaluación incluyó la proteína de soja que fue clasificada como GRAS en 1978, tenía aprobado su uso “solo” para encolar cajas de cartón, y se siguió manteniendo dicho permiso al considerar los investigadores que la migración de los nitritos de la caja a los alimentos contenidos en la misma era demasiado pequeña para constituir un riesgo de cáncer. Los oficiales de la FDA requirieron especificaciones de seguridad y procedimientos de monitorización antes de conceder a la soja el estatus de GRAS como alimento. Nunca se realizaron. Hasta la fecha, la proteína de soja está codificada como GRAS sólo para su uso industrial para encolar cartón. Esto significa que la proteína de soja debe estar sujeta a unos procedimientos de aprobación previos a su puesta en el mercado cada vez que los fabricantes intenten usarla como comida o la añadan a la comida. Y ¿qué hacen? lo que les da la gana, te han metido la proteina de soja en todos los productos de supermercado; bebidas, panificados, alimentos dietéticos, leches de soja, fórmulas infantiles, golosinas, bebidas dietéticas, productos para deportistas, fiambres, imitaciones cárnicas, helados, productos lácteos, barras de cereales, mayonesas, productos de comida rápida, etc. Además, estos derivados del poroto están forzosamente presentes en toda la cadena alimentaria, al ser la base de balanceados para la cría animal intensiva (feed lot, estabulación, jaulas, piscinas). Por cierto que los animales alimentados con proteína de soja, muestran los mismos problemas de salud que los humanos: déficit de crecimiento, hipertrofia de órganos, hígado graso, tumores, etc.

La proteína de soja se introdujo en el sustituto de leche materna a principios de 1960. Era un nuevo producto que nunca se había usado antes. Como la proteína de soja no tenía concedido el estatus de GRAS, se requería una aprobación previa a su puesta en el mercado. Ni se concedió en su momento ni se ha concedido hasta ahora. En consecuencia, el ingrediente principal del substituto de leche materna no está reconocido como seguro.

“La industria ha sabido durante años que la soja contiene muchas toxinas. Al inicio dijeron al público que las toxinas se eliminaban durante el procesamiento industrial. Cuando fue evidente que el procesamiento no conseguía eliminarlas, afirmaron que esas substancias eran beneficiosas. Tu gobierno ha concedido el derecho a reclamos publicitarios de una sustancia que es venenosa y la industria mintió al público para vender más soja”.

La industria incluye fabricantes, distribuidores, científicos, publicistas, burócratas, agentes de bolsa, escritores sobre temas alimentarios, fabricantes de vitaminas y tiendas al por menor. Los agricultores probablemente escapen a esta enumeración porque fueron engañados como el resto de nosotros. Pero necesitan encontrar otra cosa para cultivar antes de que la burbuja de la soja explote y el mercado se colapse: ganado alimentado en prados, verduras de diseño o cáñamo para hacer papel para miles y miles de demandas legales…

 

 

 

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