La única leche adecuada para el ser humano es la de su propia especie. Igual que cada especie de mamíferos obtiene la leche de su especie, el ternero de la vaca, el potro de la yegua, etc. Sería impensable ver a un ternero amamantándose con la leche de una yegua o a un chimpancé ordeñando a una cabra; como también ver a una persona en la naturaleza abalanzándose sobre una vaca y chuparla sus pezones para obtener leche. Este sentido común es olvidado por la mayoría de nosotros pues cualquier tipo de leche la tenemos a nuestro alcance, embotellada, empaquetada, etc. Pensamos que porque abunde en los supermercados, leche y productos lácteos significa que es sano y deberíamos consumirlos frecuentemente. Nuestra mente se ha creído que esto es así, cuando las evidencias científicas y el sentido común, tan olvidado en muchas ocasiones, nos digan todo lo contrario. Aquí tenemos algunos motivos para dejar de tomar leche y derivados tras ser destetados:

  1. Las necesidades nutricionales de los terneros, son muy distintas a las del humano, los terneros doblan su peso en 47 días (los seres humanos en 180 días), tienen cuatro estómagos y pesan 150 kilos al cabo de un año. La leche de vaca contiene 3 veces la cantidad de proteína que la leche humana y casi el 50% más de grasa. La mayor cantidad de proteína en la leche de las vaca es por su tamaño mayor y más rápido crecimiento que nosotros. Los bebés humanos son más pequeños que las vacas. Necesitan menos proteína pero más de otros nutrientes para satisfacer sus necesidades especiales. La leche de vaca carece de nutrientes necesarios para el desarrollo del cerebro de los bebés humanos.
  2. La leche es indigestible una vez que la persona tiene más de tres años. Un estudio realizado por The U.S Government Committee on Nutrition ( El Comité sobre Nutrición del Gobierno de Los Estados Unidos de América), concluyó que la mayoría de los adultos tienen “intolerancia a la leche” por falta de dos enzimas necesarias para su digestión. A la edad de destetarnos entre los dos y tres años de edad, invariablemente cesamos progresivamente de segregar estas dos enzimas hasta desaparecer. Estas enzimas son la lactasa para la digestión del azúcar de la leche, la lactosa, y la renina para la digestión de la caseína, la cual contiene la proteína y los minerales como el calcio. La lactosa sin desdoblar pasa al colon (ya que al no estar hidrolizada en monosacáridos no puede pasar a la sangre). Las bacterias del colon la fermentan produciendo ácido láctico, dióxido de carbono, metano, es decir, gases (inflamación, flatulencia) incluso diarreas por cuestiones de hiperosmolaridad. También produce estreñimiento. La práctica de usar leche más allá de la infancia conduce a la enfermedad; incluyendo los siguientes síntomas: indigestión, gases calambres, diarrea, constipados, asmas, alergias, desórdenes intestinales, etc. Los mismo síntomas se observan también en los animales alimentados con leche después del periodo de lactancia natural.
  3. La leche es tóxica. Cuando se toma leche y productos lácteos, nuestra flora intestinal los descompone, fermentando parte y pudriéndose la otra parte, resultando subproductos tóxicos de desecho que envenenan a nuestro organismo y agotan su energía vital.
  4. La leche precipita la formación de moco cuando el cuerpo intenta desintoxicarse a sí mismo. La presencia de productos lácteos en el cuerpo ocasiona la expulsión de moco a través de los órganos respiratorios: resfriado común, asma, sinusitis, alergias, bronquitis. Por supuesto que la leche y los productos lácteos no son los únicos factores responsables de estos procesos orgánicos de eliminación, pero su uso en la dieta es uno de los factores determinantes que obligan al cuerpo enervado y tóxico a iniciar estos y otros procesos para la purificación y reparación del mismo.
  5. La pasteurización de la leche destruye sus nutrientes. Al calentar la leche, el calcio se transforma en inorgánico. Esto significa que su estructura molecular es alterada por el calor, convirtiéndose en inutilizable y tóxico. Además, en el proceso de pasteurización, la proteína de la leche (caseína) es coagulada y endurecida y, por tanto, se hace indigerible. La leche pasteurizada produce calcificación de los tejidos blandos del cuerpo. El calcio inorgánico y no absorbido de la leche pasteurizada, es depositado en los tejidos blandos y calcifica, precipitando un gran número de enfermedades: artritis, cataratas, piedras en el riñón, dolor de espalda, etc. Un gran número de pacientes propensos a la formación de piedras en el riñón no tienen más este problema después de eliminar los productos lácteos de sus dietas.
  6. Tienen un exceso de proteínas de reacción ácida en el cuerpo que le obligan a sacar el calcio (mineral alcalino) de los huesos ocasionando osteoporosis, además, de provocar enfermedades renales y artríticas. La leche y productos lácteos, como el resto de alimentos animales, son ricos en proteína de reacción metabólica ácida (el cuerpo al metabolizarlos produce ácido láctico y ácido úrico que acidifican la sangre), y contienen ácidos como el fosfórico y sulfúrico. Nuestro cuerpo para mantener la homeostasis y realizar todas sus funciones correctamente necesita que su sangre se mantenga con un pH ligeramente alcalino. Si nuestra sangre estuviera demasiado ácida, moriríamos. Al consumir alimentos de origen animal nuestro cuerpo se ve obligado a neutralizar los ácidos citados anteriormente utilizando sus reservas de calcio, que es un mineral alcalino. El 99% de nuestro calcio está en los huesos por lo que a medida que estas reservas se agotan, es decir, a medida que el calcio es extraído de los huesos éstos se vuelven más frágiles y porosos desarrollándose la osteoporosis al perder más del 50% de su masa ósea. La osteoporosis afecta en España a de personas y provoca 170.000 fracturas. Los países con mayor consumo de productos lácteos, son los que tienen mayores porcentajes de osteoporosis del mundo. En los países occidentales 1 de cada 4 mujeres de 65 años ha perdido la mitad de su densidad ósea.
  7. La leche es alta en colesterol y grasas saturadas. El único colesterol que necesitamos lo produce nuestro hígado. Si además lo obtenemos de fuentes externas (alimentos animales, leche y productos lácteos), puede ocurrir un exceso en nuestro organismo acumulándose en nuestra arterias. La consecuencia de este exceso puede contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.
  8. Los productos lácteos contienen pesticidas, hormonas y antibióticos. Estas sustancias son tóxicas y se concentran en los tejidos y fluidos que segrega el animal como la leche, por lo que pasan al consumidor humano envenenándole. Los alimentos que dan a los animales explotados por la industria láctea están contaminados por pesticidas. Debido al estrés que padecen los animales ante el abuso al que son sometidos y para maximizar la producción láctea, a menudo se les da hormonas y y antibióticos que se acumulan en su estructura orgánica.

Para las personas que les preocupa donde pueden obtener el calcio, es interesante que sepan que este importante mineral es abundante en el reino vegetal: frutas, verduras, frutos secos, semillas. Estos alimentos nos proporcionan en abundancia la cantidad requerida de calcio en la forma mejor y más rápidamente utilizable por nuestro cuerpo.

Los invito a ver este video de Discovery Chanel Salud para ilustrarnos más sobre este veneno blanco para los humanos. https://www.youtube.com/watch?v=A7NVV-fcUic

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *