A muchos sorprenderá ésta entrada, ya está No te comas todo desmitificando mitos, y … sí! es sólo eso, una creencia popular creer que el ajo beneficia nuestra salud, todo lo contrario amigos, la perjudica y deteriora bastante. Todo lo que se dice de sus supuestos beneficios omiten la recepción de este supuesto obrador de milagros en reacción con la fisiología del organismo humano.

Considerado por muchos herbólogos y especialistas como un “alimento milagroso” que mitiga los síntomas de numerosas enfermedades, cada vez son más los que elogian sus cualidades terapéuticas, porque ven el árbol pero no el bosque. Aunque es cierto que esta sustancia reduce parcialmente los síntomas de la enfermedad, debemos señalar que su ingestión no hace más que inhibir el proceso sanativo iniciado y controlado por el propio organismo. Es esta paralización y no la acción “milagrosa” del ajo la que mitiga el sufrimiento de los síntomas. Aunque los médicos intenten hacernos creer lo contrario, recuerde que son las causas y nos los síntomas los responsables de la enfermedad. Y vamos a explicar por qué …

El ajo (Allium sativum) como la cebolla pertenecen a la familia liliáceas, genero de plantas herbáceas con tallo en forma de bulbo a la que pertenecen también el puerro, los cebollinos y el ajete, ajo chalote. Todas ellas por sus componentes producen un efecto altamente acidificante en el organismo, en esta entrada hablaré del ajo y dejaré la cebolla y sus hermanas para la próxima.

El ajo contiene Alicina, es responsable de su olor y sabor, así como de las condiciones patológicas que origina su ingestión. Cuando el organismo recibe un elemento tóxico en su interior, inmediatamente trata de expulsarlo, por eso las personas que lo ingieren, despiden a través del sudor y el aliento, ese olor fétido del ajo, de su componente, la alicina sin digerir.

Se ha elogiado las propiedades bactericidas del ajo, sin tener en cuenta que dicha condición no es selectiva, la alicina presente en el ajo mata la vida de todas las bacterias de nuestro organismo, tanto malas como buenas, no sabe seleccionar, destruye, al igual que sucede con el resto de sustancias farmacológicas, la vida de nuestras bacterias amigables inhibiendo el desarrollo de nuestra flora intestinal. Puesto que el ser humano requiere la presencia de estos microorganismos para garantizar el pleno desarrollo de sus actividades funcionales, cualquier elemento que ataque el crecimiento de la vida bacteriana debe considerarse como nocivo y perjudicial. Hemos elogiado reiteradas veces el papel constructivo de estas pequeñas formas de vida. Lejos de provocar enfermedades o condiciones morbosas,las bacterias juegan un papel fundamental en la descomposición y posterior eliminación de los residuos celulares. Asimismo, se encargan de expulsar los residuos tóxicos eliminados por el propio organismo, algo que explica su presencia durante los procesos de una enfermedad. Desgraciadamente, la comunidad científica comete un grave error al relacionar el desarrollo de una condición patológica con la presencia de estas formas de vida. Lejos de originar la enfermedad, las bacterias forman parte de los resultados de la condición. En este sentido, podemos afirmar que los productos bactericidas no hacen más que destruir una de las principales funciones que tienen lugar en el interior del organismo. Tenemos 10 veces más bacterias amigables conviviendo dentro nuestro que células en el organismo, todas ellas cumplen funciones que son indispensables para nuestra vida. Recuerde que la ingestión de un producto que elimina la vida de un microorganismo nunca puede ser beneficiosa para su salud.

Además de perturbar la estabilidad funcional de nuestras células, el ajo inhibe la síntesis y la descomposición de los lípidos en el hígado (un proceso que afecta directamente a la funcionalidad celular). Esto explica por qué las personas que ingieren ajo reducen temporalmente sus niveles de colesterol. En este sentido, podemos afirmar que las sustancias que alteran la armonía del organismo deben considerarse como elementos perniciosos y nocivos para la salud.

El cuerpo humano puede controlar la cantidad de colesterina presente en el plasma con la ayuda de la tiroxina, una hormona secretada por el tiroides que estimula la síntesis metabólica del colesterol, así como el mecanismo hepático que permite la destrucción de este esteroide. La glándula pituitaria anterior secreta a su vez una hormona estimulante de la tiroides (TSH) que controla la producción de tiroxina. Todos estos procesos forman parte del mecanismo homeostático que mantiene el equilibrio interno del organismo. Tanto el aceite de mostaza contenido en las cebollas como el ajo, se transforma en el interior del cuerpo humano en tiocianato, una sustancia que estimula la formación de bocios al disminuir la síntesis de tiroxina que tiene lugar en la glándula tiroides.

Si podemos asegurar que el ajo es un excelente pesticida:

1.- Esta sustancia provoca la muerte de cinco especies diferentes de mosquito con una dosis que no supera las doscientas partes por millón.

2.- Esta planta herbácea protege a las rosas, los tomates, las patatas, las coles y otros productos vulnerables a los ataques de insectos de sufrir una plaga.

3.- El ajo elimina las garrapatas de los perros en tan sólo media hora.

¿De veras desea ingerir este producto antinatural o prefiere dejarlo en su jardín como plaguicida?

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