La soja contiene grandes cantidades de componentes biológicamente activos llamados isoflavonas, que funcionan como fitoestrógenos, es decir, sustancias vegetales que pueden activar receptores de estrógeno en el cuerpo humano. 

Estas isoflavonas se clasifican como disruptores endocrinos, químicos que interfieren con las funciones normales de las hormonas. Las isoflavonas clave en la soja son la genisteína, la daidzeína y la gliciteína.

Estos fitoestrógenos (mecanismos defensivos naturales de la planta en respuesta a plagas) ya habían sido identificados como problemáticos en animales, allá por los años 50, cuando todavía no se utilizaba en alimentación humana. Los estudios del Dr. Mike Fitzpatrick en Nueva Zelandia mostraban evidencias de trastornos endocrinos, infertilidad, leucemia y cáncer al incorporar soja en alimento de mascotas y animales. Más tarde se demostró en Japón que apenas dos cucharadas diarias de soja, durante un mes, bastaban para generar hipertrofia tiroidea (bocio) y pancreática, reducción del timo (glándula comando del sistema inmune), hipotiroidismo, constipación, fatiga y letargo.

Esto fue refrendado luego por estudios ingleses y americanos. Una investigación del Kings College of London, mostró que la genisteína bloquea el paso de espermatozoides al útero, dificultando la concepción, por lo cual la profesora Lynn Fraser aconsejó no consumir soja a quienes desearan el embarazo. La soja produce infertilidad. La genisteína, isoflavona abundante en la soja, afecta la motilidad del esperma. Incluso pequeñas dosis del compuesto en el tracto femenino podría destruir el esperma, imposibilitando la concepción. Otro estudio inglés demostró que consumir durante un mes 60gr. diarios de proteína de soja, afectaba el ciclo menstrual, efecto persistente hasta 3 meses después de abandonar la ingesta de la leguminosa.

La Escuela de Salud Pública de Harvard en Boston puso en evidencia el negativo efecto estrogénico de la soja en hombres: disminución del conteo de espermatozoides, infertilidad, aumento de peso, dificultades perceptivas y baja de la libido. Esto confirma el uso de la soja en monasterios orientales, donde la consideraban útil para aplacar el deseo sexual.

La profusa investigación mundial dio sobradas pruebas de los efectos de las isoflavonas de la soja: inhibición de las hormonas esteroides (estradiol) y las hormonas tiroideas (T3/T4), desordenes del aparato reproductor, infertilidad, hipotiroidismo, tiroiditis autoinmune, cáncer tiroideo, daño hepático (cirrosis), problemas de conducta, deficiencia inmune, insuficiencia pituitaria, colon irritable, déficit de percepción y memoria, cáncer de mama…

Sin embargo la industria de la soja se las ingenió para ignorar esta fuerte evidencia basada en las consecuencias del consumo de bajas cantidades diarias de soja (dosis de riesgo: 0,5mg de isoflavonas por kg de peso). Por el contrario, florecieron campañas promoviendo el “saludable” uso de soja para bajar el colesterol (25gr. diarios de proteína aislada) o resolver problemas de menopausia (el doble de la dosis de riesgo). A causa de la actividad estrogénica, estas isoflavonas usualmente se usan como una alternativa natural a las drogas para aliviar los síntomas de la menopausia como una terapia de reemplazo de estrógeno. Esta es otra creencia absurda, suplantar la baja de estrógenos, la menopausia es un proceso natural en la vida de la mujer y no debería acarrear ningún síntoma, ni malestar, ni problemas de salud, si se viviera desde una alimentación natural adecuada y unos hábitos de vida sanos, he pasado por ello, sin ningún dichoso “síntoma” al contrario rejuveneciendo, porque mientras más ganas en salud, más años te quitas. Prometo hablar de Menopausia y desmitificar mitos sobre ella … próximamente.

Pero lo más grotesco tiene que ver con el gran desarrollo de fórmulas para lactantes, destinadas a bebés alérgicos a la leche vacuna, o vegetarianos. Si alimentas a tu bebé con fórmula de soja es como si les dieras 5 píldoras anticonceptivas de estrógeno todos los días. Los bebés alimentados con fórmula de soja tienen hasta 20.000 veces la cantidad de estrógeno en circulación, comparados con bebés alimentados con otras fórmulas.En pequeños organismos, estas raciones de soja (isoflavonas) equivalen a 16 veces la dosis de riesgo antes citada. Aparte de los disruptores endocrinos nocivos, la formula de soja puede contener niveles potencialmente peligrosos de aluminio y manganeso: 1.000% más de aluminio que las fórmulas convencionales a base de leche y 80 veces más manganeso que la leche materna.
Ambos metales disminuyen el coeficiente intelectual. También pueden causar daño cerebral en los bebés y comportamientos alterados en adolescentes

Huye de la soja durante el embarazo. Los estrógenos de las plantas, como los encontrados en la soja, tienen profundos efectos perjudiciales sobre el desarrollo del feto. La exposición a químicos estrogénicos durante el embarazo o durante la infancia tiene el potencial de afectar negativamente la fertilidad de las mujeres al llegar a su edad adulta, y aumenta el riesgo de cáncer de mama.

El Ministerio de Salud de Israel prohibió la fórmula para bebes a base de soja, tras 3 muertes de bebes y 7 daños cerebrales en pocos días. En Inglaterra la leche de soja ha sido desaconsejada en menores de 2 años y embarazadas. La Comisión de Alimentos del Reino Unido recomendó no exceder el consumo diario de 40mg de isoflavonas de soja en adultos; estos valores se alcanzan con apenas 20g de semilla ó harina de soja, ó 70g de tofu, ó 200cc de leche de soja ó 100g de brotes de soja.

¿Consumes soja creyendo que te protege del cáncer de mama?
Pues no sólo la genisteína que contiene la soja estimula a las células de la mama para que se vuelvan cancerígenas, sino que ya desde el 1993 los científicos saben que la soja causa daños en el ADN y fragmentación de los cromosomas que pueden derivar en mutaciones cancerígenas.
Fuente: Estrogen found in soy stimulates human breast-cancer cells in mice . Three studies from the University of Illinois, Nov 1, 2001, EurekAlert Medical Archives

Estudios en animales muestran que las isoflavonas de soja pueden causar cáncer de mama. Y otras investigaciones en humanos muestran que estas sustancia estimulan la proliferación y la actividad de células en las mamas. En uno de estos estudios, 48 mujeres fueron divididas en dos grupos. Uno consumió su dieta usual, el otro fue suplementado con 60 gramos de proteína de soja. Luego de sólo 14 días, el grupo que consumió la proteína tuvo aumentos significativos en la proliferación de células epiteliales en las mamas, las cuales son las que poseen la mayor capacidad de volverse cancerígenas. En otro estudio, 7 de 24 mujeres (29.2 %) presentó un número más alto de células epiteliales de las mamas cuando se las suplementó con proteína de soja. Estos cambios pueden indicar un riesgo mayor de cáncer de mama. Sin embargo, los cambios celulares en mamas y los estudios en los que la soja causó cáncer de mama en roedores son preocupantes.

El consumo de soja no sólo no previene el cáncer sino que puede fomentar los cánceres ginecológicos y tiroideos. Asegurando que se han descrito en la literatura científica cáncer de páncreas, mayor tasa de cáncer y leucemia infantil, mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama, aumento de cánceres de la vulva, aumento del riesgo de cáncer en la glándula tiroides, aumento de la incidencia de hiperplasia endometrial (estadío precursor del cáncer de útero) y aumento del riesgo de cáncer en la glándula tiroides. Todo ello por consumir soja.
Además recuerda que en el procesamiento industrial de la soja se produce lisinealina -sustancia cancerígena- y que los solventes utilizados dejan otros residuos cancerígenos como el hexano.
Cabe añadir que hay otros artículos en la web de Soy Online Service que recogen resultados de nuevas y preocupantes investigaciones. Por ejemplo la del doctor Craig Dees -del Laboratorio Nacional de Oak Ridge (California, EEUU)- que ha encontrado que “las isoflavonas de la soja hace que se reproduzcan las células cancerosas de mama” por lo que concluye que “las mujeres no deben tomar productos derivados de la soja”.
Y resultados similares obtendría el doctor William Helferich -de la Universidad de Illinois (EEUU)- quien afirma que “existe la posibilidad de que la genisteína en la dieta estimule el crecimiento de tumores dependientes del estrógeno en los humanos con bajos niveles de estrógeno endógeno circulando tales como los encontrados en las mujeres postmenopáusicas”.

 

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