La mayoría de las personas es tan prisionera de su Mente que rara vez siente los impulsos de su saber intuitivo, lo que algunas personas llaman la voz silenciosa. La Mente «habla» en voz alta, y cuanto más alto mejor. Le encanta mantener el ambiente ruidoso y aumenta los decibelios cuando es necesario para asegurarse de que el parloteo interminable, irrelevante e irreflexivo de la mente, ahoga la Voz Silenciosa de la Consciencia. ¿Qué dijo mi intuición? ¿Disculpa? no puedo oirte, he dicho ¿Qué es lo que dijo mi intuición? Oh, olvidalo, ya se me ha ido. Todo tiene conciencia de algún tipo, y sin duda la Mente también. Es consciente de que si permite que la Consciencia se exprese en esta realidad, se han terminado sus días de dominio. No quiere que eso ocurra y está tan engañada que, actúa para cerrar los canales con la Consciencia. La Voz Silenciosa habla con más claridad cuando hay silencio, y no se comunica tanto con palabras como con conciencia y «saberes».

La consciencia nos habla a través del corazón, y por eso tendemos a «sentir» la intuición en el área del pecho. No me refiero al corazón físico, sino al «espiritual», que podemos sentirlo en el centro del pecho. Es un vórtice o «chakra» (cuyo significado es «rueda de luz») que conecta el nivel «físico» con nuestros niveles superiores de conciencia que trascienden los cinco sentidos. De ahí que el corazón «físico» se utilice para simbolizar el amor. Viene de la pérdida de comprensión del verdadero significado del «corazón» en este contexto. Cuando sientas un gran amor o compasión, trata de notar de nuevo cómo lo sientes en el centro del pecho: en la ubicación del chakra del corazón a través del cual también sentimos nuestro «saber» intuitivo. Cuando alguien está tratando de tomar una decisión, decimos: «¿Qué te dice el corazón?» o «¿Qué es lo que sientes?». El chakra del corazón, Anahata, es nuestra principal conexión con la Consciencia que está más allá de este «mundo» ilusorio, mientras que nuestra «cabeza», la Mente condicionada, ha caído en la trampa del «pensamiento», que se ajusta a las normas y regulaciones de la realidad de los cinco sentidos. La mayoría de las personas está encarcelada en su «cabeza», que ha sido adoctrinada para creer la versión oficial de lo que es correcto y lo que no, lo que es moral e inmoral, lo que es sensato o descabellado: las «normas» de la sociedad. Se trata de una expresión de la conciencia ligada a la tierra, la Mente de «cinco sentidos», que cada día se manipula para aceptar una versión de la realidad y la posibilidad que se ajusta al plan de aquellos que tratan de tener el control. Se basa en las limitaciones, las normas y las regulaciones y la mentalidad de «no puedo» y «no puedes». Ve por qué no se puede hacer o no se debería hacer una cosa, pero rara vez ve por qué puede o por qué debería hacer una cosa. También está petrificada por el miedo, y eso mantiene encerrada a la humanidad en una cárcel mental y emocional. El «corazón», la intuición, sin embargo, es nuestra conexión con el Yo infinito que trasciende los cinco sentidos. Tiene su propio campo electromagnético y su propia percepción de la realidad. El «corazón» siente más que piensa y tiene«saberes» más que «información» de segunda mano cosechada de la máquina de adoctrinar. Algunos lo llaman «inteligencia innata», inteligencia que supera el mero «conocimiento». La mayoría de las personas tienen una «lucha» interna entre lo que piensan y lo que sienten: lo que les dice su cabeza que deben hacer y lo que intuitivamente creen que deben hacer. Casi siempre gana la cabeza. Es más fácil, o por lo menos así lo parece, en una sociedad de Mentes que se basa en la imposición de pensamientos y creencias. En cuanto el sistema ha decidido e impuesto las «normas» a través de la «educación», la «ciencia», los medios de comunicación, la medicina, etcétera, cualquier rebelde o librepensador está sujeto al ridículo o a las condenas (en mi caso a ambas cosas) por el crimen de ser diferente, o por oponerse a esta ridícula versión limitada de la realidad y la posibilidad. Hay un dicho japonés que revela este proceso de forma excelente: «No seas el clavo que destaca por encima del resto porque serás el primero en ser golpeado». La Mente mantiene la cabeza gacha; la Consciencia dice: «Eh, tíos, estoy aquí».

El desafío consiste en leer las señales y los mensajes que la intuición y las experiencias nos brindan y actuar al respecto en lugar de dejar que decida la Mente. Si uno se abre a la Consciencia, la Mente puede ser una aliada en lugar de una enemiga. Puede regresar a su lugar legítimo para servir a la experiencia de la Consciencia y dejar de ser la dominante. A raíz de fiarme de mi intuición al margen de todo, mi Mente de cinco sentidos ha sido capaz de observar «lógicamente» que, mientras que seguir a la intuición puede suponer grandes desafíos, la experiencia siempre resulta ser la adecuada desde una perspectiva más amplia. Se da cuenta de que lo que parece ser una autodestrucción, al final resulta en consecuencias positivas, y eso ocurre a causa de la experiencia «autodestructiva» y no a pesar de ella. Con este descubrimiento, la cabeza y la intuición actúan con armonía, y se termina así la guerra entre lo que uno piensa y lo que siente, entre lo que cree y lo que sabe. Los dos se vuelven Uno, y la persona sigue sus «saberes» intuitivos sin que su mente golpee simbólicamente con el puño en la mesa.

La vida no se trata tanto de aprender como de desaprender, de desprogramarse. La Consciencia, en su nivel superior, ya es omnisciente. Adquirir consciencia no es algo por lo que debamos esforzarnos; es nuestro estado natural. Las personas se pasan tanto tiempo buscándola que nunca se detienen a encontrarla. Nosotros somos Consciencia; no hay ninguna necesidad de buscarla. Lo que debemos hacer es destruir las barreras y los obstáculos ilusorios que bloquean nuestra conexión con lo que realmente somos y nos mantienen encerrados en la Mente. La base sobre la que se erigen todos los obstáculos es el apego a la Mente y la creencia de que eso es lo que somos. Si ponemos fin a esa adicción, a esa ilusión, la Consciencia entrará a raudales sin que sea necesario hacer nada más. Podemos sumergir una pelota en el fondo de una cisterna de agua, pero en cuanto la dejamos ir (nos liberamos de la Mente), asciende a la superficie en un instante. Tiene que hacerlo. Es su estado natural. No necesitamos destruir la Mente. Tiene un rol importante que desempeñar, en realidad, crucial, porque es la interfaz, el sistema informático que permite a la Consciencia experimentar este mundo de «formas» y «cosas». Es la Mente la que descodifica esta realidad en el paisaje «físico» que percibimos; descodifica las palabras y el lenguaje; y básicamente nos permite vivir dentro de la ilusión. Tener una «mente brillante» no es perjudicial siempre y cuando forme parte de nuestra percepción y no sea la reguladora de ésta.
En cuanto pensamos que somos la Mente, tomamos contacto con el pegajoso mundo físico y garantizamos una conexión firme. Entonces nos convertimos en el personaje falso, en Ethel o en Charlie. Yo no soy un nombre, ni una profesión, ni una posición, Soy Consciencia Infinita y mi personaje Ethel o Charlie, es mi experiencia actual dentro de esta realidad «física». Cuando haces esta distinción, el cambio interno que tiene lugar modificará tu vida para siempre.
Texto extraido del libro de David Icke «El despertar del León»



