La sal es el condimento más usado del mundo. El consumo habitual de la sal en las comidas, a parte de ser un hábito cultural adquirido, es motivado también porque los alimentos han sido cocinados demasiado provocando una pérdida notable de nutrientes y un deterioro de su sabor natural. Además, muchos alimentos consumidos no tienen sodio en su composición y por eso nos saben insípidos.

El año pasado los norteamericanos ingirieron más de 275.000 toneladas de sal de mesa, una media de 10 a 12 gramos de sal cada día por habitante. Sin contar con todos los alimentos conservados o ya sazonados que ingieren a diario. También es de notar que tienen más de 25 millones de personas que padecen hipertensión o presión sanguínea alta, la tercera causa más importante de mortalidad en este país.

La sal ya sea marina, de las salinas, del himalaya o refinada de mesa ( blanqueada con químicos y añadidos de yodo y/o flúor) es en esencia un mineral inorgánico: cloruro sódico que el cuerpo no puede metabolizar. La sal entra en el cuerpo como cloruro sódico, circula por el cuerpo como cloruro sódico, y es eliminado por el cuerpo como cloruro sódico. En ningún momento es descompuesto en sodio y en cloro y usado por el cuerpo.

Todas las barbaridades irresponsables que se dicen para defender el consumo de sal no tienen base científica ni lógica. El cloruro sódico es una molécula muy fuerte y estable. No puede descomponerse en el tracto digestivo o por el hígado. El cuerpo no puede usar la molécula de cloruro sódico unida de ninguna manera. Nuestro cuerpo es incapaz de asimilar mineral inorgánico ¡por suerte! porque si fuese descompuesta en sus constituyentes básicos, sodio y cloro, a medida que pasaba por el cuerpo, la tragedia sería completa puesto que ambos, el sodio y el cloro inorgánicos son sumamente destructivos para la vida y matarían inmediatamente al ser humano.

Es verdad que el cuerpo necesita sodio y cloro «orgánico» El cuerpo utiliza el sodio para mantener el equilibrio del agua, para integrar el funcionamiento nervioso y para ayudar a la formación de los jugos digestivos. El cloro ayuda a sostener la actividad cardíaca normal, desempeña un importante papel en el equilibrio ácido-alcalino del cuerpo y ayuda a la digestión y eliminación. Y puede usar sodio orgánico y cloro orgánico tal y como se encuentra en los alimentos vivos (verduras, frutas, etc.) pero nunca puede usar el compuesto inorgánico de cloruro sódico que es la sal.

Contrariamente a la creencia popular, la sal perjudica seriamente la digestión, esto es lo que ocurre durante el proceso digestivo cuando la sal se ingiere: 1) la absorción de los alimentos a través de la membranas intestinales queda inhibida; 2) la solubilidad de la proteína aumenta y se produce una considerable pérdida del material que construye los tejidos en la orina (una condición patológica conocida como «albuminuria»); 3) el equilibrio de agua en los alimentos resulta alterada, retardando la digestión.

Cuando consumimos sal, el cuerpo la reconoce como veneno y actúa para protegerse a sí mismo: diluye la sal en los fluidos corporales para que la sal existente sea menos dañina, menos irritante para las células, tejidos y órganos del cuerpo. Es eliminada a través de la piel, riñones, intestinos, etc. Estas reacciones del cuerpo para defenderse y eliminar la sal crean una dificultad innecesaria y un gasto enorme de energía nerviosa. La mayoría de las personas que han comido sal a lo largo de su vida tienen su corriente sanguínea llena de sal que va irritando y dañando sus tejidos como por ejemplo la piel produciendo manchas, verrugas o psoriasis. La razón de que la sal esté en la corriente sanguínea es porque el cuerpo está intentando constantemente eliminarla del sistema. Muchas personas con exceso de peso si dejaran de consumir sal, adelgazarían varios kilos porque permitirían al cuerpo reducir significativamente el exceso de agua acumulada en la sangre para diluir la sal.

La típica persona que consume sal tiene tanta sal en el cuerpo que el cuerpo nunca puede ponerse al día en sus tareas de eliminación. Probablemente seamos capaces de excretar alrededor de 200 milígramos de sal al día a través de los riñones. Se recomienda limitar la ingesta a 5 gramos, 25 veces más de lo que podemos eliminar diariamente ¿A dónde va a parar esa sal extra? Es almacenada en capas debajo de la piel para ser eliminada a través del sudor, y también está circulando continuamente por la corriente sanguínea, esperando a ser procesada por los sobrecargados riñones.

Cuando la sal consumida (que el cuerpo no puede excretar) es depositada en todas partes del medio líquido de los miles de millones de células corporales causando una irritación extrema, daño y muerte a la células, las células lanzan una señal desesperada de SOS y la persona está sedienta y bebe muchísima agua. La sangre transporta este agua y la deposita en los fluidos tisulares para diluir los efectos devastadores. Esto ocasiona una retención excesiva de fluidos en el cuerpo, llamado edema. El cuerpo aprovecha cualquier oportunidad para excretar esta sal -constantemente a través de la orina, sudando en abundancia, lágrimas, etc. Los depósitos de sal a lo largo del cuerpo hacen que las células se contraigan y descarguen sus fluidos y otros elementos vitales dando lugar a tejidos endurecidos, glóbulos rojos consumidos, arterias endurecidas, artritis, úlceras, ceguera y visión distorsionada, hiperestesia, presión sanguínea alta, tumores, cáncer, psoriasis, neuritis, enfermedades del corazón, edema extremo e innumerables enfermedades degenerativas que son demasiado numerosas para enumerarlas.

La sal es un veneno mortal, un irritante terriblemente dañino para el tejido humano. Cualquiera puede confirmar esta afirmación al esnifar agua salada y experimentar la terrible sensación de ardor al irritarse las delicadas membranas de los senos nasales, al poner agua salada en los ojos y experimentar la sensación de ardor mientras observa la afluencia de sangre a los ojos para proteger sus delicadas membranas (sanguinolentas), al poner sal en una herida abierta y experimentar la terrible sensación de ardor cuando el tejido se irrita y se destruye, o al beber una solución concentrada de sal y tener vómitos cuando el cuerpo actúa para repeler esta sustancia extraña y tóxica.

La sal es tóxica y lo mejor que podríamos hacer es no consumirla

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