La mayor parte de los trastornos de la alimentación, así como múltiples enfermedades degenerativas (hipoglucemia, hiperglucemia, diabetes, cándida, artritis, osteoporosis) y mentales (depresión, conductas compulsivas, etc) están ligadas al consumo de azúcar refinado o sacarosa, presente en la mayor parte de los alimentos que consumimos, como cereales, pan, galletas, refinería industrial, refrescos, helados,  pero también añadido en la industria alimentaria como edulcorante y adulterador a alimentos con escaso valor nutritivo y/ o escasa calidad: pasta, embutidos, congelados , quesos, yogures , conservas (de verduras, frutas, sopas, carnes, pescados), precocinados (pizzas, croquetas, etc) chocolate, polvos a base de cereales o granos torrefactos,  tabaco, etc

Se extrae principalmente de la caña de azúcar y de la remolacha azucarera. Normalmente puede ser puro y blanco o moreno y parcialmente refinado. A menudo el azúcar moreno comercializado en las grandes superficies no es más que azúcar blanco que los industriales sin escrúpulos colorean artificialmente para darle un aspecto moreno. El azúcar es un producto refinado, por tanto, totalmente desprovisto de nutrientes: minerales, vitaminas, enzimas y oligoelementos. La acción del refinamiento hace que el uso del azúcar sea más práctico para la industria , pero lo convierte en un producto contra natura e insano. Para poder ser digerido, el azúcar refinado debería contener minerales y especialmente calcio. Pero como el consumidor no dispone de él se verá obligado a extraerlos de las reservas de minerales de su organismo (huesos, dientes, cartílagos). Así pues, el hecho de consumir azúcar blanco o alimentos que lo contienen, así como todos los productos refinados, producirá una desmineralización del organismo, con disminución de la densidad de los huesos, con el consumo continuado en el tiempo se convertirá en artrosis, artritis y osteoporosis, fragilidad del esmalte de los dientes, cabellos sin brillo e incluso su caída.

En esta primera entrada dedicada al azúcar vamos a explicar cómo es la causante directa de la diabetes, una enfermedad crónica que se está apoderando de gran parte de la población occidental, para ello acudo a la ayuda de un experto Bruno Kleiner, en su obra El azúcar o la vida, realiza un detallado repaso a los problemas asociados al consumo de la perniciosa sacarosa.

“En caso de que el consumo de dulces se tornara un hábito, los órganos digestivos serían los primeros sometidos a un trabajo exagerado puesto que la persona come desmesuradamente para suprimir su malestar. Es peligroso el aumento exagerado de la tasa de azúcar concentrada (desprovista de agua) en la sangre por qué da picos altos de azúcar en forma brusca que el páncreas deberá neutralizar y rebajar ese nivel, segregando insulina. Por miedo a la saturación  y a medida que se produce la ingesta de dulces, el páncreas anticipará sus reacciones con respecto a un nuevo influjo probable de dulces y así salvaguardar la integridad corporal. Con el tiempo, el páncreas reacciona cada vez más exageradamente y se torna hipersensible al más mínimo exceso alimenticio así como a cualquier tipo de estrés. Este órgano también depende de la acción de las glándulas suprarrenales, que reaccionan en caso de estrés o de estimulantes que ordenan la secreción de glucosa proveniente de las reservas del hígado. Esa glucosa almacenada en los tejidos del hígado pasa entonces a la sangre. El páncreas también segregará insulina para neutralizar y rebajar el nivel de glucemia tras algunos minutos o diez minutos en período de estrés. Así pues, vemos que el azúcar segregado por el hígado bajo la acción de estimulantes artificiales, como el café, el té, el tabaco o el alcohol requerirá el mismo tipo de trabajo tanto en el páncreas como en el hígado. El sistema, que al principio le hace frente, se fatigará progresivamente antes de deteriorarse hasta el punto de dejar de funcionar. Cuando el páncreas ya no actúa porque se ha agotado, entonces el individuo padece diabetes.

El hígado, órgano esencial que almacena la glucosa en los tejidos, también se cansa de ese trabajo excesivo y reiterado y pronto no podrá efectuar todas sus demás funciones. Este órgano es una especie de fábrica química que produce y sintetiza numerosas sustancias esenciales necesarias para nuestro equilibrio físico y psicológico, contribuye a la regulación de la temperatura corporal y cumple la función de filtro para la sangre esencialmente. Los grandes consumidores de azúcares puros y concentrados padecerán frío, pero también flatulencias, hinchazón de vientre, alternancia de estreñimiento y diarrea, a veces sangrado de ano…

Por su extrema concentración, el azúcar produce un balance digestivo ácido a pesar de su sabor dulce. Como todos sabemos, dependiendo de su concentración los ácidos tienen un intenso poder de destrucción. Los alimentos más acidificantes son el azúcar, los cereales (sobretodo si son refinados) y los productos animales (carne, charcutería, huevo, queso). Los alimentos más alcalinos son las frutas y verduras. Nuestro organismo, que afortunadamente está bien estructurado, al principio intentará controlar esos ácidos neutralizándolos, utilizando sus propias reservas minerales. Cuando se supera el umbral de tolerancia (propio de cada persona) con las reservas minerales gravemente perjudicadas, los órganos cansados, etc, los ácidos se expanden por todo el organismo.

Los ácidos “quemarán” los riñones. Los riñones filtran la sangre y la linfa (líquido de los vasos linfáticos) y permiten la estabilidad de los líquidos que circulan en el cuerpo. Si ya no cumplen su función normalmente, una parte de las toxinas circulará libremente en la sangre y quedará fija en ciertas partes del cuerpo provocando dolores diversos. Cuando el sistema urinario no funciona bien, la piel y el sistema respiratorio toman el relevo para deshacerse de las toxinas que provienen de la alimentación o del funcionamiento natural del organismo (renovación de las células). Los grandes consumidores de dulces tiene a menudo problemas de piel grasa o incluso resinosa y son víctimas de erupciones cutáneas, pruritos y psoriasis debido a la sobrecarga ácida. Los síntomas de eliminación por las vías respiratorias superiores (nariz) serán catarros y sinusitis crónica. El azúcar refinado puro y concentrado es también un alimento alergeno. Las reacciones enumeradas son expresiones de defensa del organismo frente a lo que considera un veneno. Los trastornos desaparecerán sólo cuando se supriman esos antialimentos que no solo no son indispensables para la vida, sino que la deterioran y a la larga la quitan.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

77 + = 78