“No nos nutre lo que ingerimos, sino lo que nuestro organismo es capaz de  asimilar”. Las necesidades nutricionales están determinadas por el poder de asimilación. Ciertamente este principio básico de la fisiología es a menudo el más descuidado e ignorado. El no respetar las combinaciones alimenticias adecuadas como hemos visto en la entrada anterior, entorpece la asimilación de numerosos nutrientes y transforma alimentos de primera calidad en auténticos venenos, por si fuera poco favorece además el desarrollo de una anormal flora intestinal de putrefacción. Existen obviamente otros factores capaces de interferir en el curso natural de la digestión y de actuar consecuentemente en perjuicio de la asimilación; comer fuera de nuestra fase de apropiación como hemos visto en la entrada de LAS FASES DEL METABOLISMO, otro factor que afecta es el emocional, comer en estado colérico o después de una discusión, por ejemplo no es nada recomendable…

Sin embargo nada de esto se tiene en cuenta por muchos de quienes se supone que deben ser “especialistas” en la dietética. En ocasiones ingerimos desayunos recomendados por médicos y dietistas que lo único que pretenden es atiborrarnos a nutrientes difícilmente asimilables, consiguiendo el efecto contrario que es crear una toxicosis y déficit de energía vital. A pocos se les ocurre pensar que si hay carencia de nutrientes a pesar de estar estos presentes en la dieta, obviamente ello se debe a una mala digestión y a una peor asimilación. Los que así obran, confunden “malnutrición” con “desnutrición”, he aquí su error. Confunden mala digestión con retorcijón de tripas y no saben que “mala digestión” supone fermentaciones y putrefacciones anormales con grave envenenamiento crónico y pésima asimilación ¿qué se gana con ingerir más y más alimentos, si estos están destinados a pudrirse en el vientre y aumentar la toxemia? ¿de qué sirve tomar alimentos sanos mientras se continúa ingiriendo comestibles dañinos que fomentan la enfermedad?

Comprendamos que la pared intestinal posee una espesa capa de desechos no eliminados debidos al estreñimiento crónico (aunque no sea consciente del mismo), por esa causa tiene que absorber una gran cantidad de alimentos para que solo una pequeña parte de nutrientes puedan llegar a la sangre. Las vellosidades intestinales no pueden entonces desempeñar correctamente su papel y son las bacterias las que consumen lo que la pared intestinal no puede absorber. Esta es una explicación básica al hecho de por qué la gente necesita consumir una cantidad tan grande de alimentos. Cuando la digestión es anormal en cualquiera de sus etapas se necesita una gran concentración de cualquier nutriente; como las proteínas, para que solo una pequeña parte pueda ser asimilada. Lo malo es que todo lo que no se asimila es descompuesto por las bacterias intestinales y en consecuencia el organismo se ve en la necesidad de hacer un gran esfuerzo para librarse de las toxinas resultantes de ello. Solo cuando esta anormal situación y todos los demás factores que impiden una correcta asimilación hayan sido corregidos se podrá esperar una correcta nutrición.

Es un error grave ingerir más alimentos de los que nuestro organismo puede asimilar. Debemos comprender que la buena nutrición se basa más en la buena calidad de los alimentos, su naturaleza atóxica, su perfecta concordancia con la fisiología humana, una buena combinación de los alimentos y en la buena digestión de los mismos, que no únicamente en criterio de proporcionarle tal o cual cantidad de determinados nutrientes. El organismo encontrará su propio equilibrio solo cuando le proporcionemos una forma de vida equilibrada y no una dieta sujeta a los caprichos de cualquier dietista o a los intereses de los fabricantes de panaceas alimenticias o medicamentosas. Un equilibrio espontáneo, no forzado, un equilibrio global,  no fragmentado ni analítico y un equilibrio libre, no dependiente de tal o cual remedio…A medida que el sistema digestivo trabaje mejor, nuestras necesidades disminuirán tanto en cantidad como en concentración, sencillamente porque nuestros alimentos no se degradarán ni sufrirán procesos anormales de digestión.

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