Al igual que otros productos lácteos, el queso posee una proteína llamada caseína. Cuando se digiere, la caseína genera unos opiáceos llamados casomorfinas. Casomorfinas (sí, leíste bien, la palabra termina en morfina), el queso crea una adicción. La leche tiene una proteína llamada caseína que, al digerirse, se transforma en casomorfinas, las cuales tiene un efecto opioide (sí, leíste bien, la palabra comienza por opio). Así es, opiáceos. Las casomorfinas interactúan con los receptores de dopamina de nuestro cerebro y generan esta adicción. Pero, si la caseína está presente en todos los lácteos, ¿por qué no nos volvemos adictos al yogurt? El problema con el queso es que, tras procesarse la leche para elaborarlo, tiene una concentración mucho mayor de estas problemáticas proteínas.
La pasión por el queso parece que es una cuestión que va más allá de un simple gusto alimenticio. Un reciente estudio elaborado por la Universidad de Michigan compara ‘la adicción’ al queso y a otros alimentos, a los efectos que producen en el cuerpo determinadas drogas o el alcohol y el tabaco.
Para el especialista Neal Barnard, Doctor en Medicina Nutricional y Presidente de la Asociación de Médicos y Físicos para la Investigación de Medicina Responsable; Las casomorfinas son altamente dañinas, se enganchan a los receptores opiáceos del cerebro, provocando un efecto calmante similar al que causan la heroína y la morfina.
La casomorfina es una sustancia estructuralmente parecida a las endorfinas, presente también en la leche materna, y que genera una agradable una sensación de placer y bienestar, pero en proporciones muy inferiores a la de los vacunos, cantidades adaptables a las proteínas necesarias al ser humano.
Además de hacer este alimento indispensable, “adictivo” para nuestro cuerpo, la casomorfina podría estar relacionada con padecimientos mentales. En un estudio realizado por los especialistas Reichelt y Cade de la Universidad de Florida, se descubrió que la orina de pacientes que sufrían autismo, trastornos del desarrollo o esquizofrenia, contenía altas cantidades de péptido casomorfina. Éste también puede contribuir a enfermedades como la fatiga crónica o la depresión.
El problema se agrava con la industria alimentaria que se desvive por diseñar artificialmente alimentos que nos encanten y que no podamos parar de comer, como el queso, que con su aporte publicitario nos recrea permanentemente el deseo de comerlo.
¿Como hacer para «desengancharnos» del queso? Dicen que aceptar que uno tiene un problema es el primer paso a la recuperación. El siguiente es deshacerte de él, no lo tengas en casa, ni lo compres jamás. Si no puedes resistir la tentación, compra algún queso «vegano» que los hay muy equivalentes en sabor y te ayudarán a pasar el mono y el período de transición. Se necesitan dos meses para que el cerebro recuerde sin carga emocional, ese elemento que le produce placer como en este caso el queso. Controla tu vida y tu salud, esta adicción no es una gracia sino al contrario, es altamente nocivo, el queso es altamente acificante para la sangre humana ligeramente alcalina, lo que produce mucha toxicidad, que el cuerpo debe contrarestar en perdida de minerales alcalinos como el calcio de nuestros huesos y utilizar mucha energía vital para eliminar los residuos tóxicos.


