Si observamos la naturaleza, todos los seres vivos saben, desde que nacen, cual es su alimento natural, desde la abeja hasta el elefante, saben lo que tienen que comer y lo que no, aunque dispongan de otras opciones y tengan la posibilidad de cambiar, por enriquecer el paladar, por superioridad de especie, por variar, por gusto, o por lo que sea, ¡no lo hacen!, ellos en su sabiduría natural saben cuál es el combustible de su motor y comen sólo ese y no otro, ¡por nada del mundo! y así viven: sin enfermedades, ni tumores, ni cuerpos deformes; con salud, energía vital y el tiempo de vida adecuado a la naturaleza de su especie.
¡En cambio la especie humana, no! Nosotros no tenemos idea de cuál es nuestro alimento natural, el alimento diseñado para que nuestro motor funcione correctamente. Nos hemos comido la creencia de que somos omnívoros, que podemos comer de todo, y aunque no podamos asimilar la mayoría de lo que comemos y nos conduzca derechitos a una adultez enfermos, deformes, sin energías, sin sentido común, mermando nuestras capacidades mentales, emocionales y físicas cada día, seguimos afirmando inconscientemente que podemos comer una dieta equilibrada que tenga de todo, ¿de todo? ¡¡¡grave error!!! si nuestro organismo no está hecho para comer de todo. Si nuestras enzimas hablaran…tenemos enzimas desde la saliva hasta el recto y son las responsables de procesar, sintetizar y asimilar o descartar y eliminar lo que ingerimos, ellas seguramente nos dirían los estragos que ocasionamos con esa creencia, vamos sometiendo a nuestro cuerpo, poco a poco, a una vida desvitalizada y sin sentido que solo nos conduce a la enfermedad y a la muerte prematura.
Somos sanos por naturaleza, y según ésta, estamos diseñados para consumir un determinado tipo de alimento y esa es la prevención, el alimento adecuado nos da todos los nutrientes que necesitamos y de ese modo obtenemos un estado saludable y la energía vital para desarrollarnos en plenitud.


